“Prostitución” y delito en la Encuesta Trimestral de Hogares de Villa María

                                                                                                    por Matías Giletta

Miembro del Programa : “Estructura social, trabajo, conflicto y vida cotidiana.”

                                                                                 Universidad Nacional Villa María

Introducción

Históricamente el pensamiento progresista argentino nunca consideró al sexo comercial como delito.[1] En todo caso, se opuso a la explotación de sexo comercial ajeno en una lucha por lo que en su criterio constituía la dignidad de las mujeres, como en el caso de la Ley Palacios de 1913. En el movimiento feminista actual, por caso, se observan corrientes abolicionistas -las cuales entienden que las mujeres que ejercen el sexo comercial son víctimas de una sociedad prostituyente, patriarcal y profundamente desigual-  y aquellas que luchan por el reconocimiento del sexo comercial como trabajo y por los derechos de las personas que lo tienen como medio de vida, estando éstas últimas representadas por los sindicatos de trabajadoras sexuales organizados en la Argentina desde hace varias décadas. Estas últimas han logrado mediante múltiples luchas, que las leyes y normas, atenúen su carácter persecutorio. Lo cierto es que en el mapa de las posiciones feministas y progresistas no hay definiciones del sexo comercial que le atribuyan, explícita o implícitamente, un carácter delictivo.

Este aporte se propone abordar y examinar un caso o situación actual de legitimación y reproducción de un concepto criminalizante y estigmatizante del sexo comercial. Concretamente, nos proponemos problematizar la inclusión de un determinado concepto y denominación del sexo comercial en una encuesta sobre victimización y seguridad aplicada como parte de la Encuesta Trimestral de Hogares llevada a cabo por la Municipalidad de Villa María (provincia de Córdoba, Argentina). En pos de tal objetivo, hemos analizado el cuestionario de la encuesta y entrevistado a su coordinadora general.

A  modo de fundamentación, este trabajo busca desnaturalizar y problematizar la asociación entre “prostitución” y delito, relación establecida y aceptada acríticamente por un sector de la sociedad que tiende a fijarse como sentido común, “obvio” y “natural”. Advertimos, al mismo tiempo, sobre las consecuencias perjudiciales que dichas construcciones pueden tener sobre la vida cotidiana de las personas que ejercen el sexo comercial, especialmente el callejero que es el más visible  y vulnerable a diferentes riesgos.

Para muchas personas, el sexo comercial es su ocupación y su principal fuente de ingresos, actividad que, en sí misma (ejercida por personas adultas, de manera voluntaria y autónoma) no es delito según las leyes penales argentinas. En la provincia de Córdoba, particularmente, ha dejado de ser pasible de considerarse contravención a partir de la eliminación, en el nuevo Código de convivencia ciudadana vigente desde fines de 2015, del artículo 45 del anterior Código de Faltas, el cual establecía: “Serán sancionados con arresto de hasta veinte (20) días, quienes ejerciendo la prostitución se ofrecieren o incitaren públicamente molestando a las personas o provocando escándalo. Queda comprendido en este caso el ofrecimiento llevado a cabo desde el interior de un inmueble pero a la vista del público o de los vecinos. En todos los casos será obligatorio el examen venéreo y de detección de todas las enfermedades de transmisión sexual”. Como puede observarse, el anterior Código de faltas de Córdoba se sustentaba en una definición de la “prostitución” como escandalosa, en el sentido de atentar contra el orden y la tranquilidad públicos, y peligrosa, en cuanto favorece, supuestamente, la transmisión de enfermedades.

La eliminación del artículo 45 en el actual Código de convivencia ciudadana de Córdoba debe mucho al trabajo de AMMAR Córdoba –sindicato de trabajadoras sexuales de Córdoba- y de la Red por el Reconocimiento del Trabajo Sexual, militancia dirigida a promover el reconocimiento social del sexo comercial como trabajo cuando es ejercido por personas adultas y de manera voluntaria.

Pautas de análisis desde el interaccionismo simbólico

Una de las más importantes ideas que intentó transmitir William I. Thomas (1863– 1947), uno de los pioneros del interaccionismo simbólico en la escuela sociológica de Chicago, al proponer su “profecía que se cumple a sí misma” como instrumento de análisis de los fenómenos sociales,[2] consistió en subrayar la alta incidencia de las definiciones socialmente producidas y compartidas (al menos, dentro de determinados grupos) de las situaciones –así como de las cosas, actores y grupos sociales que forman parte de las mismas- en la producción de las prácticas que efectivamente se llevan a cabo en relación con esas situaciones. La manera en que definimos las cosas –las situaciones, las personas, los grupos o categorías sociales- y el significado que les damos (todo lo cual constituye un proceso fundamentalmente social, ya que los significados de las cosas se aprenden, comunican, transmiten e incluso se modifican socialmente, ocurriendo esto último usualmente en procesos de luchas o conflictos) limita nuestras prácticas, acciones o comportamientos respecto de dichas cosas.

También ubicado en la tradición del interaccionismo simbólico, se encuentra Anselm Strauss (1916- 1996), co-creador junto con Barney Glaser de la estrategia de investigación cualitativa denominada Grounded Theory o Teoría fundamentada. Strauss subrayó que nombrar una cosa, denominarla, otorgarle un nombre y un significado determinados, implica o presupone la selección y delimitación de formas específicas de actuar u operar respecto de esa cosa. Es decir, nombrar una cosa de determinada manera implica predisponernos a actuar respecto de ella de determinadas maneras: presupone o, mejor dicho, genera y favorece una relación con ciertas características entre el sujeto y la cosa nombrada o significada. Los significados de las cosas producidos, transmitidos, aprendidos y modificados socialmente producen acciones, generan prácticas respecto de dichas cosas; el ámbito de la producción de sentido no está disociado del plano de la práctica y el comportamiento de las personas en sus vidas cotidianas. Ambos aspectos son dos dimensiones de la construcción social de la realidad (Peter Berger y Thomas Luckmann, 2012).

Según Strauss, nombrar un objeto implica clasificarlo, ubicarlo dentro de una clase, categoría o tipo de objetos y, al mismo tiempo, diferenciarlo de otros, trazar sus límites. Por ende, toda nominación, clasificación o ubicación de un objeto se realiza de manera relacional, es decir, con relación a otros objetos. Esta operación se realiza siempre desde determinados puntos de vista o perspectivas, las cuales a su vez corresponden a determinados grupos sociales que tienen su propio lenguaje y sus propios intereses. Fundamentalmente, en palabras de Strauss,

el hecho de dar nombre a un objeto proporciona una directiva en cuanto a la acción, como si el objeto anunciara en forma directa: ‘dices que soy esto, entonces actúa con respecto a mí de la manera adecuada.’ […] Un acto de clasificación no sólo dirige la acción manifiesta, sino que también despierta una serie de expectativas con respecto al objeto así clasificado. […] La ‘esencia’ o ‘naturaleza’ del objeto reside no en el objeto sino en la relación entre éste y quien lo nombra. El valor como relación se observa con facilidad en el caso de un adjetivo como ‘útil’: ¿útil para quién, en qué condiciones, con qué propósitos? Esto es también válido al margen de que el objeto sea una cosa o un hecho, y de que el valor sea ‘útil’ o, por ejemplo, ‘pecaminoso’. Lo pecaminoso no está fijo en el hecho como una cualidad de éste a los ojos de Dios. Un acto es pecaminoso para determinadas personas que así lo definen, cuando se lo percibe cometido en ciertas circunstancias por personas de identidades específicas. […] Las discusiones con respecto a cuestiones terminológicas no son meras trifulcas con respecto a palabras, pues éstas constituyen mandatos para la acción y a veces la decisión en cuanto a la clasificación implica una cuestión de vida o muerte o, por lo menos, los intereses humanos están profundamente implicados.” (1977: 18- 23, las itálicas nos pertenecen)

Los últimos renglones de la cita de Strauss nos sugieren un aspecto central para comprender por qué, en determinadas sociedades, predominan o prevalecen ciertas definiciones de la realidad sobre otras: el poder. En efecto, el hecho de que frente a los mismos objetos de la realidad habitualmente existan definiciones y significados divergentes y competitivos, asociados a distintos grupos y sectores de la misma sociedad, y que algunas de esas definiciones prevalezcan y se impongan sobre las demás, sólo puede ser explicado en función de la desigual distribución del poder en la estructura social -del poder en sus distintas modalidades, no únicamente el económico, aunque éste ocupe un lugar decisivo-. El hecho de que determinadas definiciones de la realidad prevalecen sobre otras es un hecho y un proceso eminentemente político y remite, necesariamente, a una imagen de la sociedad como una estructura social compuesta por grupos y clases dotados de muy desiguales cuotas de poder, riqueza, autoridad e influencia.

Dentro de la tradición del interaccionismo simbólico, habiendo sido compañero de estudios de Strauss, Howard Becker (nacido en 1928 en Chicago, vive actualmente) subrayó la incidencia del poder en la determinación de las definiciones de la realidad dominantes. Becker, uno de los representantes más conocidos de la teoría interaccionista de la desviación, más popularmente conocida como “teoría del etiquetamiento” o labelling theory, sostuvo que no hay comportamientos desviados “en esencia”; en realidad, existen procesos de etiquetamiento o rotulación mediante los cuales ciertos grupos de la sociedad definen como desviados a determinados comportamientos y, por ende, a los grupos que los efectúan, tratando de influir en la opinión pública, en los medios de comunicación y en las autoridades estatales para que actúen en conformidad con esa definición. En este esquema, como puede resultar evidente, el  poder ocupa un lugar central: sólo los grupos que detentan poder están en condiciones de etiquetar o rotular exitosamente como desviados u outsiders a los demás, influyendo en las agendas mediáticas, en las legislaciones y en las políticas públicas. Becker lo plantea con claridad:

“Las teorías interaccionistas de la desviación, así como la teoría de la interacción en general, prestan atención al modo en que los actores sociales se definen unos a otros y definen su entorno. Prestan especial atención a las diferencias de poder a la hora de definir, al modo en que un grupo logra ese poder y hace uso de él para definir el modo en que otros grupos serán vistos, comprendidos y tratados. Las elites, las clases gobernantes, los jefes, los adultos, los varones, los caucásicos -los grupos de mayor poder en general- conservan el poder tanto a través del control del modo en que la gente define al mundo, sus elementos y sus posibilidades, como a través de formas más primitivas de control social. Pueden utilizar medios más primitivos para establecer su hegemonía, pero el control basado en la manipulación de las definiciones y las etiquetas funciona mejor y cuesta menos: la gente con poder lo prefiere. El ataque a la jerarquía debe comenzar con un ataque a las definiciones, etiquetas y nociones convencionales de quién es quién y qué es qué. La historia nos ha empujado cada vez más en dirección a los modos de control disfrazados que se basan en la regulación de las definiciones y etiquetas que se les aplican a las personas. Ejercemos el control acusando a la gente de actos desviados de todo tipo.” (H. Becker, 2014: 222, las itálicas nos pertenecen)

Siendo uno de los representantes de las teorías de la reacción social dentro de una corriente crítica en criminología y en sociología del delito y de la desviación (Taylor, Walton y Young, 1990), Becker argumenta que en el etiquetamiento social de determinadas acciones como delitos no suele ser tan importante la acción en cuestión, en sí misma, sino la reacción social que genera, y esto depende, muchas veces, de quién o quiénes realizan dicha acción, no de la acción en sí misma.

Ubicado en el interaccionismo simbólico aunque convergente con una teoría del conflicto (Alexander, 2000: 186), Becker es un ejemplo en teoría sociológica de que se puede ser interaccionista -prestando especial atención a las maneras en que las personas perciben, definen, nombran y dan sentido a lo que hacen, a cómo viven y a sus relaciones con los demás- y remarcar, al mismo tiempo, la incidencia de las luchas, el conflicto, el poder y la dominación en los procesos sociales e históricos dentro de condiciones estructurales objetivas.

“Prostitución” y percepciones de seguridad en la Encuesta Trimestral de Hogares de la Municipalidad de Villa María: una construcción criminalizante del sexo comercial

 

Villa María es una ciudad pequeña que cuenta con 88600 habitantes, ubicada en el departamento San Martín de dicha provincia, en el área centro-sur de la misma. Está ubicada en una región caracterizada por una abundante producción agrícola y por una importante cuenca lechera, una de sus principales industrias es la alimenticia, y la atraviesan muchas rutas y una autopista que la conectan con los principales centros urbanos de la provincia y del país.[3] También es un centro comercial, educativo y sanitario importante a nivel regional.

La Municipalidad de Villa María dispone actualmente de un Centro Estadístico, el cual oficialmente está previsto como “una herramienta de gestión que pondrá a disposición información rigurosa, sobre diferentes problemáticas y aspectos relevantes de la población en particular y ciudad en general, mediante informes y procesamientos geoespaciales de los datos que permitan a los diferentes sectores públicos y privados visualizar y tomar decisiones con bases sólidas. Para promover una gestión eficaz, participativa y transparente, el Centro estadístico brindará herramientas, de manera continua, para optimizar la toma de decisiones, contribuyendo a una mejor manera del tema y posibilitando la evaluación de las redes públicas y privadas, así como la generación de Nuevas estrategias y acciones de abordaje, con miras a construir una ciudad más productiva, segura, educada, saludable, entre otras metas.”[4]

El Centro Estadístico, a su vez, ha implementado desde 2018 una Encuesta Trimestral de Hogares (en adelante: ETH) en la que se incluyen indicadores sociodemográficos de la ciudad y de cada uno de sus barrios, como coeficiente de vejez, índice de dependencia potencial, índice de masculinidad, asistencia educativa general, tipos de cobertura de salud y tamaño del hogar (a la fecha, se han publicado los resultados correspondientes al primer trimestre de 2018).[5] En su sitio web, se informa que “la ETH además de brindar la posibilidad de contar con indicadores comparables con organismos provinciales, nacionales e internacionales, presenta una gran innovación: poder observar el detalle de cada indicador a nivel territorial dentro de la ciudad.”[6]

Desde el segundo operativo de encuestas, es decir, en el correspondiente al segundo trimestre del 2018, la Encuesta Trimestral de Hogares incluyó – respondiendo a un pedido del intendente municipal, el dirigente peronista Martín Gill- una sección de “Seguridad y victimización para personas de 18 años y más”.[7] Esta nueva sección está compuesta por tres sub-secciones: Percepción de seguridad ciudadana, dirigida a indagar las percepciones de los ciudadanos y ciudadanas de Villa María acerca del nivel de seguridad e inseguridad en su barrio; Desempeño del sistema de seguridad pública, cuyas preguntas se orientan a que el encuestado evalúe el desempeño de las fuerzas de seguridad,  y Victimización, sub-sección dedicada a indagar las características cuantitativas y cualitativas de las situaciones en que los encuestados fueron víctimas de delitos, incluso de los no denunciados.[8]

La primera de ellas, Percepción de seguridad ciudadana, es la que nos interesa especialmente. La misma releva, como comentamos, las percepciones acerca del nivel de seguridad e inseguridad en su barrio que tienen los ciudadanos y ciudadanas de Villa María, preguntando cuestiones tales como: cómo se siente el encuestado en determinados lugares de la localidad o si en su barrio, durante los últimos tres meses, presenció o escuchó situaciones que, en el criterio de quienes coordinan la encuesta y confeccionan su cuestionario, serían indicadores de inseguridad o, al menos, posibles causas de percepciones de la misma, como “riñas o peleas en la calle”, “disparos frecuentes”, “consumo de alcohol/ droga en la calle”, “venta de droga en la calle”, “calles sin iluminación” y “vandalismo” (lo que incluye “grafitis/pintadas, rotura de focos en la plaza, porteros eléctricos”). Nos resultó muy significativo observar que en esta sub-sección, entre los indicadores mencionados, se pregunta puntualmente: “¿Podría decirme si en su barrio, en los últimos tres meses, hubo prostitución?”.[9] Frente a nuestra pregunta   acerca de los criterios en base a los cuales se decidió incluir dicha pregunta en la sección sobre “Percepción de seguridad ciudadana”, la coordinadora general de la ETH nos respondió:

“Yo no sabría decirte exactamente el porqué a nivel metodológico, lo que sí puedo contarte es que la pregunta es un extracto –lo que les decía yo, yo no decidí las preguntas ni las opciones ¿sí? Sí me pareció, a mi criterio, para lo que era poder sacar una percepción de seguridad, yo consideré que esa pregunta debía estar en esta primer salida, aunque eso no significa que después no podamos ampliar este documento. Pero, vuelvo a decir, yo no la diseño a la pregunta. […] Yo tomé las primeras cinco o cuatro preguntas que estaban ya, como para decir ‘empiezo con el nivel’… porque los cuestionarios de INDEC ya están diseñados con una lógica y una cohesión que es maravilloso poder verlo, o por lo menos los estadísticos lo valoramos mucho, porque van desde un ingreso hacia la temática a la profundización específica, entonces uno sabe, por técnico que es, sabe que las primeras cinco o seis preguntas te van a sacar los indicadores más gruesos, entonces vamos por ahí, primero fue un corte metodológico mío decir ‘tomemos las primeras cuatro o cinco o seis preguntas que tengamos ahí, después al mirar las preguntas pensé que hubiese estado muy bueno poder asociar las preguntas o el combo de preguntas en el bloque que va de la SP2 a la SP10, que tiene que ver con cómo me siento de seguro (muy seguro, seguro, inseguro, muy inseguro o no sé) en determinadas situaciones, cómo me siento como ciudadano o como persona que se moviliza en los diferentes escenarios que muestra ahí ¿sí? Cómo me siento con respecto a lo que yo veo que sucede en mi alrededor inmediato que es mi barrio […] Pero con respecto a prostitución en sí misma ya venía la opción y yo no decidí ni ponerla ni sacarla, simplemente fue el bloque completo. A mí me queda muy grande, Matías, el tema, y yo la verdad como tengo mucho temor a que justamente uno se reconoce que no es un actor que conozca estas cuestiones ni que está empapado en la dinámica de esto, tenía tanto temor de sacar o poner alguna opción que dije ‘vamos porque esto viene así’”, a lo sumo decido poner el bloque o no poner el bloque, pero nada más. Igualmente yo estoy en pañales, permítanme decirlo así, con esto porque todavía no analicé la información que entró, y cuando empecemos a generar los indicadores –desde interpretación, de cómo eso se pone en contexto- siempre somos muy cuidadosos, o yo por lo menos lo soy, desde el Centro Estadístico, de no poner ninguna interpretación personal que no venga acompañada por especialistas, es lo que yo planteé en su momento en la intendencia, porque me dijeron ‘ay, ¿pero y esto cómo se interpreta? llamá a un economista, llamá a un sociólogo, porque yo soy un estadístico.”[10]

En relación con la posibilidad de que la inclusión de la pregunta sobre la “prostitución” en una encuesta oficial sobre victimización y seguridad conduzca a reforzar la estigmatización y criminalización del sexo comercial, en un contexto donde su significado y la manera como debe nombrárselo están en disputa, la coordinadora general de la ETH respondió:

“Claro, que [la pregunta sobre prostitución] aparezca de golpe en la sección que tiene que ver con seguridad ciudadana… ahora entiendo (risas)… es un factor, es un factor, tal vez en la percepción, no significa que uno esté apoyando una idea positivista al preguntar, sino que también está mapeando –creo yo, que viene desde los hacedores de esto- está mapeando también qué percepción hay ¿no? Porque esto es un mapeo…eh… puede que, bueno, en una sociedad como la nuestra creo que se lo  percibe de una manera muy negativa a la prostitución y tienen un gran trabajo que hacer (risas)… el tema es, claro, por ahí yo no lo veía como algo negativo a nada de todo esto, sino como un factor de percepción, porque yo voy a medir, voy a indagar, tal vez no se ponen otras opciones y por eso es que yo decía ‘me queda tan grande el tema que no sé qué opciones más se podrían poner’ […] por ahí uno no está inserto en las realidades de otros, y por ahí la significación de la palabra, para mí, que soy la que decide si lo vamos a tomar o no lo vamos a tomar es totalmente inocente desde un sentido… y por ahí estoy insultando o estoy agraviando a otro sector ¿no?”[11]

También la entrevistada asoció el sexo comercial con algunas de sus propias experiencias personales en contacto con el tema, con lo cual justificó, en cierta medida, la incorporación de la pregunta sobre la “prostitución” en una encuesta sobre victimización y seguridad:

“Voy a serte sincera, no me llamó la atención la palabra ‘prostitución’ [se refiere al cuestionario aplicado por el INDEC, base del aplicado en la ETH] porque, mirá, mi asociación fue a que por ahí conozco determinados eventos en la ciudad y que tienen que ver con que, eh, algunas chicas que estaban ejerciendo el trabajo…. ¿sexual? han sido golpeadas, han sido por ahí violentadas de diferentes formas o insultadas, insultadas ¿sí? por diferentes incluso hasta transeúntes o personas que iban en los autos y que las insultan y que las agravian, entonces yo pensaba que cómo se siente una persona que vive en un barrio de ésos y por ahí ve eso, yo lo pensé desde el lugar de lo que yo lo ví ¿entendés? Yo lo ví, entonces desde ese lugar, seguramente en cómo me siento si yo veo que están insultando a una persona o la están agraviando, yo también me puedo sentir insegura porque veo que hay una amenaza, entonces, cuando vi la palabra ‘prost…’ te juro pensé en ese evento puntual mío de mi propia vivencia, de decir ‘sí, claro, tiene que ver’, no cuestionando el trabajo en sí mismo sino lo que sucede en torno a eso con esta sociedad que los insultan y los agravian, yo lo he visto en la ruta pesada cómo los insultan, o sea eso me parece feo entonces sí me acuerdo de eso.”[12]

Encuesta Trimestral de Hogares de Villa María. Sección: Seguridad y Victimización para personas de 18 años y más

A modo de conclusiones

A pesar de que, como ya comentamos, el cuestionario de la sección sobre victimización y seguridad recientemente incluida en la ETH de Villa María, y particularmente el de su sub-sección relativa a la percepción de seguridad ciudadana, fueron elaborados originalmente  por el INDEC, nos pareció relevante conocer la perspectiva de la coordinadora general de la ETH en relación con la incorporación, dentro de esta última sub-sección, de la pregunta “¿Podría decirme si en su barrio, en los últimos tres meses, hubo prostitución?”. La entrevistada, en términos funcionales, según nos afirmó, está en posición de modificar y readaptar a la ETH los cuestionarios que maneja INDEC, dentro de ciertos límites. Por consiguiente, quisimos conocer los criterios en base a los cuales permitió que el cuestionario de la encuesta relativa a percepciones de seguridad, niveles de delitos no denunciados y evaluaciones del desempeño de las fuerzas de seguridad conserve dicha referencia a la “prostitución”.

Como producto de la entrevista en profundidad realizada, podemos avanzar en una conclusión provisoria: la entrevistada, en su rol de coordinadora general de la encuesta, nunca problematizó el hecho de que la pregunta indicada no es neutral, que no es un mero instrumento de “medición” o de “mapeo”. De hecho, agregamos, no lo es ningún dato construido desde la ciencia social, como tampoco lo es ningún instrumento ni técnica de “recolección” de datos. Por el contrario, los datos, en los análisis sociales, se construyen, y siempre se lo hace desde determinados marcos teóricos y, como decía Alvin Gouldner, desde ciertos supuestos básicos subyacentes (2000: 34) que atribuyen significados y nombres a las cosas. Dichos supuestos subyacentes son, en parte, aprendidos de terceros y, en parte, productos de experiencias personales, y los actores sociales no suelen ser conscientes de sus propios supuestos subyacentes.

Tampoco existió una problematización de que las palabras en general, y desde luego la expresión “prostitución”, no son neutrales; por el contrario, suponen preconceptos y “directivas para la acción”, como decía Strauss. Suponen una toma de posición frente a lo que se designa o clasifica, sea esto consciente o no. Esto sucede tanto cuando se habla de “prostitución” desde un enfoque abolicionista, remarcando el carácter de víctima de la “mujer en situación de prostitución” (Iglesias Skulj, 2013; Daich y Varela, 2014) como cuando se asocia la misma con el delito y la inseguridad pública. Esto debería tenerse en cuenta especialmente cuando las palabras utilizadas forman parte de un instrumento (como la ETH) explícitamente dirigido a fundamentar tomas de decisiones y políticas públicas de un gobierno local, así como acciones por parte de sectores de la sociedad.

Se observa, entonces, una carencia de práctica reflexiva y una asunción a-crítica de un cuestionario prefijado de antemano, como si éste aludiera a dimensiones sociales absolutamente transparentes, neutrales y “obvias”.

La pregunta “¿Podría decirme si en su barrio, en los últimos tres meses, hubo prostitución?”, incluida en una encuesta sobre victimización, seguridad ciudadana y percepciones de seguridad, sugiere un concepto criminalizante de la “prostitución”, asociándola al mundo del delito, a la “amenaza” (expresión utilizada por la entrevistada), al peligro y a la “inseguridad”. La palabra “prostitución”, en sí misma, implica un supuesto subyacente negativo, moralmente degradante y socialmente estigmatizante de dicha actividad –la cual, para muchas personas, es una ocupación o trabajo tan legítimo como cualquier otro, y su principal fuente de ingresos- y, en consecuencia, de la persona que la realiza. Las vivencias personales relatadas por la entrevistada en relación con la “prostitución” van en la misma dirección, asociándola e identificándola con situaciones de violencia, aún cuando se victimice a las mujeres que la ejercen –además de a los vecinos que presencian las situaciones de violencia vividas por tales mujeres-.

Además, el tratamiento que la encuesta analizada hace de la “prostitución” la presupone como una realidad social simple, visible (de lo contrario, los vecinos y vecinas no tendrían manera de saber si existe en su barrio) y, sobre todo, homogénea, no compleja. En este punto, quienes confeccionaron su cuestionario demuestran una notable falta de conocimiento sobre la realidad empírica del mercado del sexo comercial, el cual es, en la Argentina, según las investigadoras Deborah Daich y Cecilia Varela (2014: 65- 66), fundamentalmente diverso y heterogéneo, como también lo es en el plano local de Villa María.

En síntesis: la ETH y su sección de Victimización y seguridad, así como la encuesta del INDEC sobre la misma temática, contribuyen a reproducir y reforzar, desde el Estado, un significado del sexo comercial –aquello que tales instrumentos denominan “prostitución”- como parte de un mundo social signado por el delito, la inseguridad, la degradación y el peligro amenazante. Y esto tiene lugar quiéranlo o no, sépanlo o no, les resulte consciente o no a quienes confeccionan los cuestionarios. La asociación de la “prostitución” con el delito, la marginalidad y “lo oscuro”, socialmente hablando, asociación que no tiene nada de “natural”, está sin embargo demasiado naturalizada como para pensar que quienes contribuyen a reforzar y legitimar dicha definición lo hacen con plena consciencia de las consecuencias objetivas y reales que la misma puede generar en la vida cotidiana de las personas que ejercen el sexo comercial como medio de vida. En realidad, dicha asociación suele formar parte de un sentido común bastante generalizado que no han problematizado quienes confeccionaron el formulario de encuesta analizado.

No obstante, desde las ciencias sociales, y desde la sociología en particular, debemos problematizar tales construcciones y, sobre todo, alertar sobre sus posibles consecuencias reales, cotidianas y concretas sobre determinados sectores sociales e individuos –recordando nuevamente a Thomas: las definiciones de la realidad suelen generar consecuencias reales, sobre todo, añadimos nosotros, cuando tales definiciones se promueven desde áreas del Estado-. Tales construcciones de la “prostitución”, incluyéndolas en contextos próximos al delito y la inseguridad, pueden llegar a favorecer, por ejemplo, “políticas de seguridad” locales que implican hostilidad y persecución por parte de las fuerzas de seguridad a quienes ejercen la actividad de tal manera construida, o, por lo menos, a quienes la ejercen y ofrecen en determinados espacios sociales y geográficos de la ciudad, de manera visible.[13] También pueden alentar la hostilidad hacia dichas personas por parte de vecinos y vecinas que habitan en los barrios donde tal oferta de sexo comercial tiene lugar.

Y todo esto –insistimos- puede suceder sin que quienes emplean ciertas definiciones, asociaciones y clasificaciones de las cosas sean conscientes de qué están ayudando a gestar o a reproducir en la realidad social y a quiénes están realmente perjudicando. Esto acontece debido, en parte, a lo altamente naturalizadas que pueden estar aquellas, sin que por ello sean, por supuesto, naturales.

 

Referencias bibliográficas y de fuentes

Alexander, Jeffrey C. (2000 [1987]) Las teorías sociológicas desde la Segunda Guerra Mundial. Barcelona: Gedisa

Becker, Howard (2014 [1963]) Outsiders. Hacia una sociología de la desviación. Buenos Aires: Siglo Veintiuno editores

Berger, Peter y Luckmann, Thomas (2012 [1967]) La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu editores

Centro Estadístico Municipalidad de Villa María (2018) Encuesta Trimestral de Hogares. Sección: Seguridad y Victimización para personas de 18 años y más

Código de faltas de la provincia de Córdoba

Código de convivencia ciudadana de la provincia de Córdoba

Daich, Deborah y Varela, Cecilia (2014) “Entre el combate a la trata y la criminalización del trabajo sexual: las formas de gobierno de la prostitución”, en: Delito y sociedad. Avance de investigación. Revista de ciencias sociales. Año 23. 2º semestre de 2014, pp. 63- 86

Iglesias Skulj, Agustina (2013) La trata de mujeres con fines de explotación sexual. Buenos Aires: Ediciones Didot

INDEC, Ministerio de Seguridad Presidencia de la  Nación, Ministerio de Hacienda Presidencia de la Nación (2017) Encuesta Nacional de Victimización 2017. Resultados preliminares y provisorios.

Kessler, Gabriel y Bruno, Matías (2018) “Inseguridad y vulnerabilidad al delito”. En: Piovani, Juan Ignacio y Salvia, Agustín (coord.) La Argentina en el siglo XXI. Cómo somos, vivimos y convivimos en una sociedad desigual. Encuesta Nacional sobre la Estructura Social. Buenos Aires: Siglo Veintiuno editores

Merton, Robert K. (2002 [1949]) Teoría y estructura sociales. México DF: Fondo de Cultura Económica

Morcillo, Santiago (2012) “La ley y la trampa. Discordancias en la legislación argentina sobre prostitución.” Ponencia presentada en las XI Jornadas Nacionales de Historia de las Mujeres y VI Congreso Iberoamericano de Estudios de Género (2012, San Juan, Argentina). En: http://redreconocimientotrabajosexual.blogspot.com.ar/p/teoria.html

Strauss, Anselm L. (1977 [1959]) Espejos y máscaras. La búsqueda de la identidad. Buenos Aires: Marymar

Taylor, Ian; Walton, Paul y Young, Jock (1990 [1973]) La nueva criminología. Contribución a una teoría social de la conducta desviada. Buenos Aires: Amorrortu

[1] Entendemos por sexo comercial “aquellas prácticas de intercambio regular y constante de dinero a cambio de una relación íntima que habitualmente incluye actividades sexuales” (Morcillo, 2012: 1). Preferimos utilizar esta categoría a los fines de evitar los supuestos subyacentes de la expresión “prostitución”, expresión cargada de connotaciones negativas y condenatorias.

[2] Recordemos que, según la “profecía autocumplida” o el “teorema de Thomas” según la denominó Robert Merton, “si los individuos definen las situaciones como reales, éstas son reales en sus consecuencias” (Merton, 2002 [1949]: 505, las itálicas nos pertenecen).

[3] https://www.villamaria.gob.ar/la-ciudad-villa-maria

[4] https://portal-villamaria.opendata.arcgis.com/

[5]https://villamaria.maps.arcgis.com/apps/webappviewer/index.html?id=55d0d921b1fc40d792246d58e637c751

[6] https://portal-villamaria.opendata.arcgis.com/ (las itálicas no nos pertenecen)

[7] El dato acerca de la solicitud del intendente para que la encuesta incorpore la nueva sección nos fue proporcionado por la coordinadora general de la Encuesta Trimestral de Hogares, en una entrevista realizada el 04 de octubre de 2018. La entrevistada relacionó ese pedido con la creación del Observatorio de Seguridad Ciudadana creado en la provincia de Córdoba en 2017; ese Observatorio implementó, según la entrevistada, una encuesta de victimización en el área de Gran Córdoba. A partir de ese momento, varios municipios cordobeses replicaron esa encuesta en su localidad.

[8] Según Kessler y Bruno (2018: 339), las encuestas de victimización vienen realizándose en Argentina, en determinadas provincias, desde mediados de la década de 1990. Desde 2008 a 2014 no se realizaron y luego, sobre todo desde 2016, el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Argentina) las retoma con mayor sistematicidad. Según los autores citados, estas encuestas tienen el objetivo de indagar la “cifra oculta” o “cifra negra” de delitos, es decir, el porcentaje de delitos que no han sido denunciados, por lo cual no aparecen en los registros policiales y judiciales. En la entrevista con la coordinadora de  la ETH, nos afirmó que su nueva sección de seguridad y victimización replica, sin grandes cambios, el cuestionario implementado por el INDEC en sus encuestas de victimización realizadas desde 2016. No obstante, también nos afirmó que no estaba obligada a replicar ese cuestionario, ya que en su rol de coordinadora general de la ETH dispone de la posibilidad de quitar o dejar preguntas del cuestionario del INDEC, aún cuando deba tratar de conservar la comparabilidad de los datos recolectados. Los primeros resultados de las encuestas nacionales de victimización se publican en el informe Encuesta nacional de victimización 2017. Resultados preliminares y provisorios (Ministerio de Seguridad Presidencia de la  Nación, Ministerio de Hacienda Presidencia de la Nación,  INDEC).

[9] Anexamos dicha sub-sección en la parte final del presente apartado.

[10] Entrevista a la coordinadora general de la ETH, 04-10-2018

[11] Entrevista a la coordinadora general de la ETH, 04-10-2018

[12] Entrevista a la coordinadora general de la ETH, 04-10-2018

[13] Quienes ejercen el sexo comercial callejero, en la vía pública, forman parte del estrato más vulnerable del mercado del sexo comercial; su criminalización profundiza esa situación de vulnerabilidad.

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