Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Tancacha. Avatares de un sindicalismo autónomo

Por Norma Gavier y Silvia Risso [1]

Observatorio de Conflictos Laborales Córdoba.

 Esta nota surge luego de una entrevista realizada a dirigentes del Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Tancacha, Miguel Ángel Ferreyra y Matías Schenkel [2] el pasado 12 de mayo del corriente año, cuyos testimonios revelan experiencias que fueron claves para el cambio de actitud en el Sindicato y en gran parte de los trabajadores. Nuestro interés nace a partir del gesto solidario que tiene el Sindicato con “las Trolebuseras” (cinco trabajadoras despedidas tras el paro de transporte en julio de 2017) con quienes veníamos trabajando, al facilitarles una carpa para instalarse frente al Palacio Municipal de la ciudad de Córdoba, en el marco de su protesta laboral. Nos preguntamos entonces ¿quiénes son estos trabajadores del interior, de bajo perfil, que realizan un gesto que gremios grandes y mediáticos, de discursos solidarios pero de escasos apoyos concretos, no  tuvieron nunca con  estas mujeres que sostuvieron el más importante conflicto en Córdoba en el año 2017?

DESCARGAR NOTA COMPLETA 23-Aceiteros Tancacha 13-12-18

Sede Aceiteros

Tancacha y la aceitera Bunge

Tancacha es una localidad del departamento Tercero Arriba en la provincia de Córdoba, ubicada  sobre la Ruta Provincial 6, a 125 km de la capital provincial, que hasta el año 2015 contaba con una población de 5.184 habitantes. En ella se localiza el Complejo Industrial Tancacha, filial argentina de la multinacional  Bunge Limited.

La empresa nació como Guipeba, acrónimo de Guirao, Pérez y Barinaga, propietarios de campos –uno comerciante, otro médico y un tercero enteramente dedicado al agro- que se asociaron conformando esta aceitera para dar valor agregado a la producción agrícola. Este tipo de fábricas es común en el interior cordobés solo que ésta adquirió mayor volumen.

En el ‘98, cuando ya la soja experimentaba su boom y los agronegocios florecían en el núcleo pampeano, Guipeba fue adquirida por Bunge, que la modernizó y la convirtió en uno de sus más importantes polos aceiteros.

Bunge

Bunge Argentina surgió como Bunge y Born a fines del siglo XIX, y fue la empresa  más importante en el negocio de la exportación agrícola del país. En 1994 se integra como el capítulo argentino de Bunge Limited, gran trasnacional que factura alrededor de 25 mil millones de dólares anuales (según datos de 2016). El aporte argentino a esos números es de alrededor de 3 mil millones de dólares. Junto a Cargill[3], COFCO Group [4] y Aceitera General Deheza[5], lidera el ranking de los mayores exportadores de cereales y productos agroindustriales. Está asociado con Aceitera General Deheza en una terminal del puerto de Rosario y en la producción de bioetanol. Arrienda tierras por miles de hectáreas,  tiene acopiadoras de granos y un emporio logístico para el transporte. Todo apunta a su integración vertical.

Su fábrica de aceites en Tancacha es la única del Grupo destinada a la industrialización de oleaginosas.Tiene una capacidad de molienda de 1.000 toneladas diarias, con una línea de extracción de aceite multipropósito, en las que se procesa soja y eventualmente girasol, cártamo y maní. También produce harinas, pellets proteicos, aceites crudos y neutralizados para el mercado interno y el mercado chileno. En este complejo funciona también una moderna planta de elaboración de lecitina.

Sobre la tecnología multipropósito, Miguel comenta que  permite “moler soja y al otro día empezar con maní, cortás con maní y empezás con girasol y después con cártamo”. Es interesante señalar que la maquinaria fue diseñada y fabricada por un taller metalúrgico de la zona y luego fue modernizada por Bunge. Esta fábrica de maquinarias provee aún a varios pequeños emprendimientos de la zona.

 

Un sindicato especial

La posición independiente, solidaria y crítica de un gremio que representa a los trabajadores en una multinacional,  en un pequeño pueblo en pleno corazón de la Pampa Húmeda, parece la de un “perro verde”. Esto es lo interesante y lo que nos lleva a profundizar en su lógica y en su trayectoria.

Se trata de un sindicato de primer grado, pequeño, adherido a la Federación de Trabajadores del Complejo Industrial de Oleaginosos, Desmotadores de Algodón y Afines de la República Argentina. (F.T.C.I.O.D.Y.A.R.A.), que tiene representación en gran parte del territorio[6].  No es formalmente  un “sindicato de empresa”, aunque en la práctica opera de este modo, porque sus afiliados se concentran casi todos en la planta de Bunge, si bien no es la única productora de aceite en la zona.

El resto de las aceiteras, de productores medianos, son plantas pequeñas que emplean 4, 6 y hasta 10 empleados. Son las llamadas extrusoras, que prensan soja o maní.

Las extrusoras se forman a partir de un grupo de cinco o seis gringos que se asocian, todo en negro, que se pueden poner en UATRE[7], en Lecheros o en cualquier gremio que menos pague. Cuando éstas se crearon, el salario de aceiteros era el más bajo de la industria alimenticia, pero como el convenio agrupa las actividades que hacen ellos, van cambiando de acuerdo a su conveniencia”.

Así relata Miguel la estrategia de estos productores-fabricantes para eludir la inclusión de sus trabajadores bajo el convenio de aceiteros. Los intentos de los compañeros para su incorporación resultaron fallidos frente a la amenaza de la patronal, como veremos.

“Si nombran soja…. vamos a aceiteros… Cuando empezó a crecer, como en el convenio harinero decía ‘se muele’, ‘Ah nosotros también hacemos molienda, entonces vamos a aquél’. El día de mañana, si el convenio de harineros crece como nosotros, van a decir: ‘se habla de campo, nosotros podemos estar en el convenio del campo’. Son así, se van transformando, poniendo a los trabajadores con salarios de miseria. No cubren los diecisiete, dieciocho mil pesos que se tiene que ganar para no ser pobres”.

En Bunge Argentina trabajan 180 personas, entre obreros (100), administrativos (50) y supervisores (30).Los administrativos y supervisores están fuera de convenio. De losobreros, 95 se nuclean en el Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Tancacha.

A los operarios convencionados hay que sumarles 50 a 60 trabajadores que se incorporan eventualmente, por temporada. El Convenio Colectivo de Trabajo (CCT) de aceiteros incorpora la figura de “empleados” de una manera ambigua señalando, por ejemplo, que la categoría “F. EMPLEADO INTERMEDIO[2] corresponde a aquel que colabora en la ejecución de las tareas propias de cada sector.” (CCT 420/05). Con esta definición, podrían ampararse en el CCT. Sin embargo, en Bunge no es esa la lógica. Al respecto, Miguel señala:

“Intentamos sumarlos y nos comimos una denuncia de esos 50 trabajadores que no quieren ser representados por el sindicato de aceiteros… Obvio, apretados por la patronal por supuesto. Y si… nosotros nos ponemos a ver… y ellos ganan menos que nosotros… encima los echan como  a un perro….”

 

Un giro sindical  inesperado

El tiempo sindical en la fábrica Guipeba, luego Bunge, transcurría como en la mayoría de las empresas del interior: sin delegados, sin protestas, con despidos injustificados y una comisión directiva del sindicato que hacía la vista gorda a las arbitrariedades. Tan buena era la relación que la empresa, en los 80, dio al sindicato en comodato por catorce años el predio donde actualmente se encuentra ubicado el edificio gremial. En aquel tiempo era propiedad de Guirao y allí se levantaba una capilla pequeña que le da a la sede, un aire extraño y antiguo. Al lado, en un baldío, los trabajadores levantaron un par de oficinas más, donde hoy trabajan y se reúnen.

En el año 2009 se corre la voz de que la Federación realizaba plenarios de delegados. Tancacha no enviaba a nadie: no había delegados ni información sobre lo que sucedía en el conglomerado oleaginoso más poderoso ubicado en Rosario. Miguel y un compañero de la fábrica de aquél momento deciden ir a ver de qué se trata, qué sucede en ese lugar que se percibía lejano. De allí regresaron con un cúmulo de experiencias nuevas: discusiones casi inimaginables sobre salarios, condiciones de trabajo y luchas.

Se trata de un acontecimiento que cambia la visión de mundo y las prácticas a quienes asistieron por inquietud y curiosidad a un evento donde se habla un lenguaje desconocido hasta entonces. Exigen entonces que se convoque a elecciones de delegados, lo que se otorga a regañadientes recién en el año 2011, para los dos lugares que correspondían por ley.  Se presentan tres candidatos, dos de ellos  “rebeldes”, que resultan triunfadores.  El tercero es el Secretario Adjunto, y cuando el gremio envía al Ministerio de Trabajo la carta documento de rigor, informa sólo el nombre del “tercero” con lo cual la tutela sindical de los otros dos quedó a mitad de camino.

A partir de esto, se proponen conformar una lista que enfrente a la oficialista para las elecciones de 2012. Comienzan a estudiar el estatuto, conocen sus cláusulas, se interiorizan por la actividad sindical. En los encuentros sindicales en los que participan toman contacto con el Sindicato de Aceiteros de Rosario, un gremio combativo, que ante su interés por participar en las siguientes elecciones pone a su disposición su capacidad organizativa, legal y económica.

El sindicato de Rosario “es muy fuerte en la Federación, pues es el que más afiliados tiene, alrededor de mil quinientos” cuenta Miguel, recordando también cuánto costó convencer  a los rosarinos de que efectivamente tenían una propuesta nueva y estaban dispuestos a la lucha. En el imaginario de los aceiteros, ligados a los complejos ubicados a la vera del río Paraná, Córdoba “siempre carnereaba los paros, ya sea Deheza o Tancacha”.

Para entonces, la Federación estaba en manos de una conducción tradicional y burocrática, a la que el gremio de Tancacha estaba alineado.

Las elecciones de 2012 enfrentan por un lado a la lista “rebelde”, armada a escondidas y apoyada por Rosario,  y por el otro al oficialismo aliado a la Federación.

“Sí… en ese tiempo que yo te digo, dice Miguel, el Secretario General de acá más el Adjunto, estaban muy de acuerdo a nivel nacional con la Federación… En ese tiempo… no sé de dónde habían traído plata, les daban $200, iban casa por casa -acá en Tancacha y en Río Tercero donde había entre 35 y 40 afiliados-, iban  dándoles plata para que los votaran a ellos… plata que no salió del sindicato sino de la Federación… “

No obstante la presión del aparato, los trabajadores optan por la opción combativa que desde entonces construye de otro modo

“… empezamos a tener una tarea gremial que no se había tenido nunca (…) Estamos peleando por los derechos laborales, no hacemos política partidaria, solo política gremial. Nosotros no estamos afiliados a ningún partido y si así fuera, nunca lo mezclamos porque lo hemos decidido así”, concluye Miguel.

En el año 2013 asisten como delegados al Congreso de la Federación para elegir sus autoridades. Algo nuevo se estaba gestando en las bases de los aceiteros, especialmente en los de Rosario, que van ganando en militancia y comprensión de la necesidad de un sindicalismo autónomo y capaz de pelear desde abajo para modificar las prácticas de resolver salarios y condiciones de trabajo desde arriba y con acuerdos previos con las patronales.

El Congreso se hace en Necochea en lugar del tradicional hotel de La Falda. En la ciudad costera, el predio es de UATRE y es elegido ad hoc por la conducción, para evitar la presencia de las bases. De allí que vale la pena escuchar el relato de Miguel y Matías, respecto de una situación donde se miden fuerzas entre una conducción desbordada que sabe que es minoría  y las bases que pugnan por transformar la lógica sindical:

“Se hizo el congreso para la elección de autoridades como marcaba el estatuto en ese momento, y bueno, se suspendió… Históricamente esas elecciones se hacían en La Falda, donde hay un hotel que es de la obra social y un auditorio. Bueno ahí se hacían las elecciones. Pero ese año lo hicieron en Necochea, en un camping de Venegas, el viejo forro ese de UATRE… Entonces ya éramos sindicato nosotros acá, claro. Era otro sistema, era por delegado congresal, nosotros de acá éramos 4 delegados congresales, éramos mayoría, pero como ellos eran oficialistas en ese momento, tildaban quién era congresal y quién no. Anotaban lo que querían… por eso se pudrió. Habían llevado 70 patovicas. Nosotros entramos, era un camping paralelo a la costa en Necochea. Entramos, hacemos 40 metros caminando, todo lleno de pinos, después 20 metros a la derecha…Todos los compañeros que estaban afuera, había como 400 compañeros nuestros, trabajadores que habían parado la fábrica y se habían ido para Necochea en colectivo, no nos veían. Nosotros éramos nuevitos. Es más, ni sabíamos que iba a pasar todo eso… Estábamos metidos como 150 metros adentro, lleno de pinos, árboles, casas, no veíamos. Nadie veía dónde estábamos, no había señal y claro, ya entramos… te palpaban los patovicas en la entrada, hacíamos un tramo más y había más patovicas y te volvían a palpar. Después entramos a la sala, y también, lleno de patovicas. Estábamos sentados, 50 sillas acá, 50 sillas allá…. Lo que pasa que ellos se habían puesto que eran 57 y nosotros que éramos 50, o sea que iban a ganar la elección. Entonces en ese momento se hace una moción de orden creo, para que salgan los patovicas y que salgan los delegados que no eran electos. Como dice el estatuto y como dice la ley de asociaciones sindicales, que tienen que ser elegidos mediante el voto directo y secreto. Nosotros lo hacíamos así, nada más que ellos cuando elegían delegados, decían que iban a ir, vos, vos y vos… Te elegían a dedo y no como dice la ley…. Había 6 funcionarios del Ministerio de Trabajo de la Nación ahí. Bueno, como nosotros éramos 50, pero éramos más bocones, nos levantamos. A los otros compañeros que los conocíamos, de los otros sindicatos -porque vos conocés a los otros compañeros- que sabíamos que los llevaban porque los llevaban. Entonces nos levantamos, los empezamos a increpar….  ‘Vos no has sido elegido’, ‘Vos no sos secretario general’, ‘Vos no pertenecés al sindicato…´ Se armó un quilombo bárbaro…Y ya se metieron, la patota de ellos y con armas. Tenían armas en el bolsillo y te apuntaban así, se metían así. Y nosotros, como ya estábamos ahí…Se empezó a armar un quilombo, volaron sillas, empezó la pelea y esos 57 que estaban ahí se quedaron quietitos. Entonces nosotros terminamos peleando con los patovicas y ya un compañero de Rosario se fue afuera corriendo y llamó a los otros…Vinieron todos y se armó un quilombo, entonces al ver tantos… Eran 400 contra 70 patovicas, ellos empezaron a disparar y hubo heridos de bala… Después, me acuerdo, salimos, rompimos vidrios y empezamos a pegar a los patovicas, porque esos culiados andaban con armas…Nosotros los agarramos, los tiramos al suelo, les pegamos…. Esto se anuló. Después el Ministerio de Trabajo por un mes intervino la Federación hasta que se normalizó. Después entre las dos listas, la lista oficialista, y la nuestra se sentaron a charlar 3 de cada lado y se pusieron de acuerdo…Bueno, que si tiene que haber dos listas que haya, pero que vayan los delegados como tiene que ser… Nosotros íbamos y sabíamos que íbamos a ganar porque nosotros éramos 57 y los otros eran 50, en realidad, era al revés el tema. Nosotros éramos los elegidos como correspondía…Y bueno, un mes más tarde, el 17 de agosto, se hizo en La Falda como se venía haciendo todos los años, ahí fueron todos, pero no presentaron lista”.

Esta Federación renovada, hace historia con una huelga de 25 días, en mayo de 2015 que paraliza la actividad de las fábricas y los embarques de oleaginosas. Pone en juego todas las formas directas de lucha: piquetes, movilizaciones, bloqueos; estremece la bolsa de Rosario y la balanza de pagos y logra una contundente victoria.

Poder sindical

Luego de esa lucha histórica aceiteros encabeza el ranking de las mejores paritarias. Sin ir más lejos, dos días antes que cerráramos esta nota, el 6 de diciembre, nos damos con la noticia de  que otra vez la Federación logra la reapertura de paritarias que ya había cerrado bien en mayo, y logra un acuerdo superador que acompañamos a esta nota ¿Cómo logran estas conquistas?.

Claro que estas grandes empresas son las indiscutibles ganadoras en este modelo. Pero no están dispuestas a “regalar” nada, aunque el costo salarial sea ínfimo en sus cuentas. Hay que ver entonces qué sucede en el otro polo de la relación capital-trabajo: los trabajadores.  Ocurre que se ponen en juego y se potencian entre sí dos dimensiones del poder sindical, según analiza el sociólogo  Erik Olin Wright: el poder estructural, que se refiere a la posición de los asalariados en el sistema económico y a la capacidad de la organización de interrumpir o limitar el flujo del capital en el lugar de trabajo y/o en el mercado; y el poder asociativo, ligado a la solidaridad y a la capacidad de ejercer acciones efectivas de protesta.

Hay también una particularidad de la Federación, que es la interacción con un grupo de economistas de Rosario que los orienta en las lecturas de los balances y de las extraordinarias ganancias del sector para pelear las paritarias. Así, los tancachenses aprenden a calcular costos, beneficios y a estimar por mes las ganancias de la empresa. Los trabajadores  conocen los costos de los insumos y de sus salarios y cada día miden el aceite producido. Así estimaron  en mayo de este año, meses antes de la mega devaluación que hiciera trepar sus rentas, que las ganancias superaban los 9 millones de pesos mensuales.

Ya conversando sobre la vida cotidiana, nos comentan cómo ven el trabajo diario. Describen por ejemplo, su posición sobre las horas extras. Se trata de limitar el trabajo a lo que el cuerpo puede soportar, disputar por mejores salarios antes que por sobrecarga laboral que compense lo magro del ingreso:

“Si el estatuto dice que tenés que trabajar 8 horas diarias, nosotros vamos a pelear por 8 horas, no por 12, ni por horas extras. Hay todavía quienes siguen con miedo, de que si peleás te van a echar (…) pero desde el 2012 no han echado a ninguno. Les duele que no hagas horas extras, pero así logramos que las paguen como lo determina la ley”.

 

Vivir en un pueblo

En Tancacha, además de Bunge, se ubica otra  empresa grande, Alimentos Tancacha S.A. que compra el aceite y los derivados de todas las extrusoras de la zona y produce, acopia y exporta alimentos derivados de los cultivos de soja, maíz y sorgo. En 2014, sus trabajadores apoyados por los trabajadores de Bunge quieren pasar al convenio de aceiteros y hacen paro por dos días.

“Se dictó la conciliación obligatoria y tomaron nuevamente a los trabajadores. Cuando terminó la conciliación hicieron un lock out patronal, cerraron la empresa y al otro día aumentaron la indemnización. En vez de pagarles lo que corresponde por ley, le pagaron 150% más. Ellos lo pensaron y arreglaron. ¿Qué pensaron los trabajadores que son del pueblo? ‘Antes de estar acá, que no nos quieren, ya me echaron y siguen queriéndome echar, ¿me voy a meter y voy a renegar todos los días?’, encima como es un pueblo”

Así cerró este conflicto, dice Miguel, pese al apoyo recibido por trabajadores aceiteros de todo el país, que pusieron el cuerpo en esa lucha.

En Tancacha todos se conocen y la presión de una burguesía local se hace sentir. Tal es el caso de la cuñada de un afiliado al sindicato, que trabajaba en el supermercado de la localidad. En ocasión del conflicto relatado, un empresario de Alimentos Tancacha S.A, le dice al dueño del supermercado “si no echás a esta chica no te compro más”.

Algo similar sucedió en Marull, también por un conflicto donde los trabajadores de una pequeña extrusora querían pasar a aceiteros.

“Nos fuimos hasta Marull a un conflicto también[9], cuenta Miguel. Marull está como a trescientos kilómetros de acá, a una empresa que les hacía lo mismo. Los dueños eran unos gringos que tenían tambo, animales, extrusora, estación de servicio en un pueblo chiquito. Y decían: ‘Pero escuchá negro, si yo le pagó estos salarios, se van a venir los chicos que tengo en el campo con la UATRE a querer ganar esto’.  Y le contestábamos nosotros ‘No te estamos pidiendo mucho, es lo que deberían ganar para vivir bien’. Estuvimos allá de paro una semana y los convencieron así, con plata. Sí, sí. Fuimos nosotros a pelear. Con estas empresas hemos tenido un montón de luchas y los mismos trabajadores terminan desistiendo de eso por la presión, porque es un pueblo. Imaginate que nosotros estuvimos como una semana allá, acampando al frente de la empresa, haciendo quilombo y los supermercados no nos querían vender comida, ni las estaciones de servicio el combustible.”

Las pequeñas extrusoras reproducen las características de la clase dominante, tienen conciencia de ello y piensan a tono con ello. Tienen poder material y espiritual, legitimando su dominación en cada acto, mostrando a la clase subordinada la necesidad de tal subordinación. Estas claras relaciones de dominio y subordinación remiten a formas de desigualdad basadas en el lugar que ocupan en el proceso de producción y que se establecen como oposición de intereses asimétricos.

Bunge es un nombre sin rostro, cuyo cuerpo son acciones, papeles, ganancias astronómicas, redes estratégicas. Sus supervisores, que podrían encarnarlo, están bien regulados por la fuerza sindical. Alimentos Tancacha S.A. se corporatiza en un “señor” de la elite tancachense que disciplina con presiones claras y marca la cancha en un pueblo en donde se siente ganador.

En definitiva, el pequeño y mediano productor, finalmente reproduce condiciones de trabajo más desfavorables que las grandes multinacionales en el sector de aceitero, empezando por el bloqueo a la afiliación aceitera.

…A nosotros, como trabajadores agrupados en un sindicato, no nos hace mejores ni peores tener más o menos afiliados, lo que nos importa es que ganen bien, que estén bien”…”Es como que nunca se ha podido tener una lucha bien dada con todas estas empresas, por esta cuestión”.

Los miedos y los prejuicios dificultan la movilización “desde abajo”; de allí que resulta  paradójico ver que la lucha se impulsa desde la conducción del Sindicato de Aceiteros de Tancacha, a diferencia de otras experiencias en las que  se construyen desde la base.

“Es muy difícil crear conciencia combativa en los trabajadores o saber a qué clase pertenecemos”  agrega Matías. Edward Thompson, historiador marxista, señala al respecto que la noción de clase es inseparable de la noción lucha de clases por los intereses antagónicos, que justamente es el espacio en el que las personas “se descubren como clase”.

Se da entonces el caso de una conducción “jugada” que debe remar a contracorriente en un pueblo conservador, donde los burgueses de carne y hueso, vecinos, cultivan la asimetría en el trato cara a cara.

 

Relaciones inter-gremiales poco “aceitadas”

Con respecto a la organización gremial en la región, Miguel enumera a varios sindicatos aceiteros:

“el Sindicato de Aceiteros de General Deheza que tiene su sede ahí, el Sindicato de Aceiteros de Cabrera que es chiquito y hay otro en Dalmacio Vélez. Allí AGD (Aceitera General Deheza), compró la aceitera de Dalmacio y la cerró para no tener competencia…El sindicato de Deheza es un sindicato muy grande,  debe tener quinientos afiliados y con los trabajadores aceiteros de la zona, debe haber más de mil. Es un sindicato amarillo que no hizo nunca nada.”

Sobre la Federación, acota que agrupa a todos los sindicatos del país[10] excepto al Sindicato de San Lorenzo que se fue de la Federación y discute la paritaria en forma independiente con la CIARA[11]. De éste dicen que es un sindicato fuerte que está ubicado al lado del puerto, lo que favorece la actividad agro-exportadora. De la CIARA, que es la organización con la que se reúnen para la paritaria, agrega

“Todos los años arreglamos primero nosotros, la Federación Aceitera, y después el Sindicato de San Lorenzo que va a pedir un poquito más… porque las patronales saben que estos carneros nunca hacen un paro”. Esta particularidad de la negociación de aceiteros se debe a que “un montón de empresas grandes como Cargill, Bunge, Dreyfus, que están dentro de la CIARA, discuten primero con la Federación, y luego, junto con Deheza, Molinos, Vicentin, Buyatti,  negocian con el Sindicato de San Lorenzo”

Son las mismas empresas que a la hora de analizar medidas laborales con la Federación o con San Lorenzo, tienen lógicas distintas pero los acuerdos que se logran son parecidos. Sobre el sindicato de San Lorenzo, continúa diciendo Miguel, una vez que la Federación acuerda la paritaria:

“va y les dice ‘Queremos lo que ganaron ellos… y un poquito más ...’ Este sindicato siempre tuvo diferencias con el de Rosario por cuestiones de poder y de cercanía, reclamando siempre éste último que son ellos los que pelean mientras que San Lorenzo nunca y que además terminan arreglando con la patronal”.

 

Logros y debilidades. Dificultades de la unidad en la acción

También es importante el vínculo con las diferentes corrientes de pensamiento gremial, porque en éste se produce un crecimiento como organización. Aunque formalmente incluidos en la CGT, los aceiteros exploran otras alianzas que posibiliten la unidad en la acción de los sectores combativos.

En su corta experiencia gremial, tanto Miguel como Matías señalan que es bastante difícil lograr la ansiada unidad. Sobre esto Miguel agrega:

“Es más, hay un montón de gremios que no van -a las reuniones-, no les importa y tampoco hacen nada. Tienen la oportunidad de hacer algo por los trabajadores y no lo hacen, como sí lo hacemos nosotros. Es muy sacrificado, no estás con tu familia, viajas mucho, estás en las marchas, los paros, dormís a la intemperie, es una actividad que te lleva mucho tiempo y dejas muchas cosas de ladoNosotros siempre comentamos que es preocupante que con todas las cosas que están pasando, la sociedad no reaccione”.

Rescatan la idea de que la huelga y la democracia obrera son las herramientas para que los trabajadores puedan defender sus derechos y obtener nuevas conquistas.

En consecuencia, la fuerza del Sindicato radica justamente en la pujanza y perseverancia de los compañeros, en sus valores, necesarios para el mejor desempeño de la labor gremial, acompañando esto con el cuestionamiento a las conducciones burocráticas y con  la ampliación de las prácticas democráticas más allá de lo puramente reivindicativo, característica que distinguió desde un principio a esta nueva conducción.

Vale la pena luchar

Cuando terminamos la entrevista, quedaron algunas preguntas por hacer y algunas dudas. Pero lo que vimos claramente fue la confluencia de fuerzas que se pusieron en juego ante la necesidad de rescatar un sindicato que estaba en manos de burócratas. El Sindicato combativo de Rosario puso su experiencia a disposición de estos jóvenes dirigentes cuyo ánimo, ganas y fortaleza nos animan a pensar que es posible un sindicalismo democrático.

Fue su iniciativa la que impulsó a las bases a cuestionar a la conducción burocrática y no al revés, posibilitando la recuperación de la representación de los trabajadores en las negociaciones con la patronal y el Estado, en unidad y fuerte resistencia, logrando en su momento un buen resultado en la paritaria nacional.

Además de poner en evidencia la potencialidad del trabajo gremial en las luchas reivindicativas por el empleo, el salario y las condiciones laborales, mostraron que es necesario ir más allá. Es necesario, en primer lugar, crear conciencia de su propio poder como fuerza de trabajo y como clase trabajadora, así como de la importancia de la lucha colectiva para el logro de los objetivos. Y en segundo lugar, que ir más allá es también llegar al “otro”, a ese otro igual con las mismas expectativas, solidarizándose.

aCUERDO aCEITEROS 1aCUERDO aCEITEROS 2

NOTAS:

[1]Con la colaboración de Susana Roitman, Directora del OCLC

[2] Miguel Ángel Ferreyra es el Secretario General del Sindicato de Obreros y Empleados Aceiteros de Tancacha y Matías Schenkel es miembro de la Comisión Directiva del mismo Sindicato.

[3] Cargill es una corporación multinacional privada de Estados Unidos, fundada en 1865. Sus actividades comerciales incluyen la compra, venta, procesado y distribución de granos y otras mercancíasagrícolas, el cultivo y venta de pienso ganadero y la venta de ingredientes para la industria farmacéutica.

[4] COFCO Group, China National  Cereales, Oil and FoodstuffsCorporation, empresa estatal procesadora de alimentos, fabricante y comerciante.

[5] AGD, empresa quearticula las etapas del cultivo y la molienda de oleaginosas hasta el envasado de productos bajo normas de calidad ISO 9001, integrada al escenario de los agro-negocios.

[6] FTCIODYARA, cuenta con representación en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, San Luis, Río Cuarto, Tancacha, Lezama (Bs. As.), Bahía Blanca-Daireaux, General Villegas, San Juan, Santiago del Estero, Mendoza, Formosa, Rafaela y Esperanza- Santa Fe, General Obligado y San Javier, Santo Tomé, Chabas, Constitución, General Deheza, General Cabrera, Dalmacio Vélez, Catamarca, La Rioja y Entre Ríos.

[7] UATRE, Unión Argentina de Trabajadores rurales y Estibadores, dirigido hasta su muerte por el “Momo” Venegas, cuya conducción  es una de las más propatronales del país.

[8] Artículo 6 sobre categorías de operadores y empleados según el Convenio Colectivo de Trabajo (CCT 420/05).

[9] Conflicto por el cierre de una fábrica en Marull y el despido de 25 trabajadores los que finalmente pudieron cobrar el 100% de las indemnizaciones que les correspondía (Octubre del 2014).

[10] Cuenta con representación en Capital Federal, Gran Buenos Aires, Rosario, San Luis, Río Cuarto, Tancacha, Lezama (Bs. As.), Bahía Blanca-Daireaux, General Villegas, San Juan, Santiago del Estero, Mendoza, Formosa, Rafaela y Esperanza- Santa Fe, General Obligado y San Javier, Santo Tomé, Chabas, Constitución, General Deheza, General Cabrera, Dalmacio Vélez, Catamarca, La Rioja y Entre Ríos.

[11] CIARA, Cámara de la Industria Aceitera de la República Argentina. Agrupa a la mayoría de las empresas que elaboran aceites vegetales y harinas proteicas del país.

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