Cúpulas sindicales, bases y conflicto (*)

Los conflictos entre comisiones internas y conducciones sindicales son síntomas de la complejidad del entramado que conforma el mundo del trabajo en Argentina, hoy. Paula García Schneider y Marina Falvo.

En Argentina, los cambios económicos que comenza­ron en la década de 1970, sumados a los de la de 1990, a­cen­tuaron la desigualdad social. Desde 1974, la tendencia ha sido la disminución de los ingresos reales, y son los salarios la variable de ajuste de todos los regímenes económicos que se sucedieron, en especial en la dictadura cívico-militar.

En 2001, el país se hundió en una fuerte crisis, consecuencia de las políticas económicas implementadas en la década de 1990 en el marco del denominado Consenso de Washington y del Plan de Convertibilidad.

En 2001, el nivel de empleo y el poder adquisitivo de los salarios cayeron. Según los economistas Guillermo Rozenwurcel y Leonardo Bleger, “la pobreza y la indigencia volvieron a registrar niveles inéditos desde 
la crisis del ’30 y se dispararon las medidas de desigualdad de ingreso”.

Recién a partir de 2003 el empleo y el salario se recuperaron y se reconfiguraron los actores y los ejes de conflicto. Sin embargo, la informalidad y la fragmentación sa­larial de la dé­cada de 1990 no cedieron.

La reactivación de las negociaciones colectivas entre los sindicatos y la patronal promue­ve mejoras parciales de los sec­tores con mayor poder estructural, que son aquellos en que los trabajadores poseen una posición estratégica en el sistema económico o en el lugar de trabajo que les da mayor fuerza para negociar.

Se acentúa así la brecha entre trabajadores formales y no formales y entre aquellos sectores con y sin convenio colectivo dentro del propio universo de trabajadores formalizados.

En este marco, se producen reacomodamientos complejos y heterogéneos en el orden de las relaciones entre gremios, patronales y Estado, disputas intergremiales, discusiones sobre ámbitos de representación y modalidades diversas de interacción en el interior de los propios sindicatos, entre los trabajadores (las bases), delegados y conducción gremial.

Período problemático. En Córdoba, los sindicatos que agrupan a trabajadores del área estatal han fluctuado entre la resistencia, la negociación y el esfuerzo en disciplinar a los trabajadores frente a los procesos de precarización laboral, los retrocesos salariales, la pérdida de condiciones de trabajo o las reformas en la legislación.

Los datos del Observatorio de Conflictos de Córdoba se­ñalan que el período que va de julio de 2011 a junio de 2012 ha sido muy problemático. Si bien el número de conflictos entre trabajadores públicos y privados es similar, su intensidad 
es notablemente mayor en el primer sector, ya que logran sostenerlos y desafiar las amenazas que provienen de las instancias gubernamentales a partir de la garantía de estabilidad laboral.

Por el contrario, la posibilidad y la efectivización de los despidos en el sector privado funcionan como disuasorios de la protesta.

Los conflictos entre comisiones internas y conducciones sindicales son síntomas de la complejidad del entramado de posiciones, intereses y culturas sindicales que conforman el mundo del trabajo en Argentina, hoy.

Cierto sindicalismo tradi­cional va perdiendo represen­tatividad ante sus bases por operar en beneficio de los in­tereses de la patronal o del gobierno de turno (lo que se denomina burocratización sindical).

Ante esto, emerge un sindicalismo de base, que busca la autonomía y la toma de decisiones mediante asambleas de trabajadores, lo cual genera tensiones y enfrentamientos por el modelo y el método de representación de los trabajadores.

Tras conmemorar un nuevo Día del Trabajador, nos detenemos ante la recurrente demanda de representación y encuadramiento sindical, es decir, la pelea por definir qué sindicato representa a determinada actividad, empresa o condición de trabajador.

Las acciones en ese sentido se destacan por la significativa participación de las bases sindicales y de las comisiones internas o de delegados en los conflictos. Organizaciones sindicales no reconocidas, como la Unión de Trabajadores de la Salud, Asociación Trabajadores del Estado (ATE), Enfermeras Unidas y grupos de autoconvocados tienen una presencia sostenida y buena capacidad de movilización.

Sus formas de protesta son activas. Implican “poner el cuerpo”, un compromiso que excede lo declarativo o lo legal-administrativo; paros, asamblea, marchas, cortes de ruta, son actos que nos indican que hay trabajadores con una clara disposición a la acción sindical y política.

El hecho de que las bases estén presentes y, en muchos casos, impulsen la movilización, parece dar cuenta de cierta crisis de representación que estarían sufriendo las conducciones gremiales.

Necesidad de movilización. La denominada burocracia sindical ejerce en Córdoba un papel decisivo en el acallamiento de la protesta, por su reconocida vinculación con el poder político. Esto permitiría explicar 
la necesidad de movilización de las bases fren­te a los “compromisos” de las dirigencias sindi­cales, y el creciente malestar desde las bases ante fenómenos de precarización, deterioro de las condiciones de trabajo y persecución a delegados no alineados con la dirigencia gremial, fundamentalmente en el sector privado.

Pese al malestar que provoca esta situación, por la falta de representatividad de las conducciones de algunos gremios de peso, burocratizados, sobre todo en el sector privado existen dificultades para la movilización masiva de estos sectores. Esta carencia se fundaría en el disciplinamiento que se ejercen tanto desde la patronal como desde el sindicato.

En este sentido, ritmos de trabajo impuestos, control tecnológico o personal, sistemas de premios y castigos, incentivos diferenciales y precarización no son datos menores a la hora de entender estas dificultades.

Las investigaciones evidencian disposición a la movilización y a la lucha por parte de algunos sectores de trabajadores pertenecientes a gremios fuertes, con conducciones hábiles en la negociación, con poder estructural y/o asociativo.

Un dato disperso pero irrefutable es la emergencia de luchas de trabajadores de municipios pequeños, la persistencia de la lucha de los sectores de la salud y de los trabajadores despedidos de una radio (LV2), los de alguna empresa metalúrgica del interior, una industria láctea, una gran automotriz (Volkswagen). Son todos casos en que el impulso proviene de las bases.

Hoy es central seguir reflexionando sobre la necesidad de avanzar en la construcción de un sujeto con mayor capacidad de intervención política, que supere el espacio local, que llegue a la rama de actividad, que se generalice, se articule y rompa la fragmentación de los conflictos.

* Doctoranda en Estudios Sociales de América Latina, becaria doctoral del Conicet, y miembro del Observatorio de Conflictos Córdoba

** Doctoranda en Ciencia Política y miembro del Observatorio de Conflictos Córdoba, respectivamente.

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* Original en: La Voz del Interior. Domingo 5 de mayo de 2013
http://www.lavoz.com.ar/opinion/cupulas-sindicales-bases-conflicto

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